miércoles, 22 de octubre de 2014

Cup of tea

Viento, viento demasiado fuerte como para poder caminar sin perder el equilibrio. Ni siquiera intento abrir el paraguas. Sé que saldré volando a lo Mary Poppins si lo hago y no llueve tanto. Además, el paraguas no me va a salvar del verdadero enemigo, el frío.

El viento es helado, tan helado que duelen los huesos y quieres correr a casa para esconderte del frío que de manera tan repentina y traicionera ha llegado a las Islas. Creo que es un aviso a navegantes, el frío se acerca y va a ser duro.

Mientras cruzo el puente que separa el camino del Campus y mi residencia pienso en la calentita taza de té que voy a prepararme cuando llegue a casa.

Ay papá, ¿recuerdas cuando me serviste té con leche y me negué a tomarlo? Más de diez años después aquí estoy, caminando por un puente, a las ocho de la noche, fantaseando con una caliente taza de té británico con un chorrito de leche.

En mi charla de shock cultural nos advirtieron que los británicos consideran el té su remedio por excelencia. No hay nada que una taza de té no pueda curar. Debe ser cierto, juro que en el supermercado hay más variedad de té que de carne o queso.
Me he acostumbrado a ese extraño menjunje (aunque al mío le añado azúcar) en vez del café con leche de la mañana. Es más, el profesor australiano a cargo de la charla nos comunico que podríamos buscar pero no encontraríamos café decente en este país. Es cierto. Tal vez es lo engreída que soy, por venir de una parte del mundo tan rica en sabores, que aquí todo sabe demasiado soso.

Extraño muchas cosas de Perú y de España y a veces pienso en ello mientras me tomo mi taza de té, pero aunque muero por comer algo que tenga sabor de manera natural, no me arrepiento de estar aquí. No cambiaría ni un segundo de mis más de tres semanas en tierras inglesas. Ni el frío, ni el viento, ni la lluvia, ni la comida sosa.

Tal vez si cambiaría algo! La cantidad de páginas que tengo que leer para mis cuatro asignaturas del semestre. Pero, incluso en eso ayuda el té, hace que me sienta como un personaje de novela. Leyendo y bebiendo una taza de té, mientras afuera los británicos son capaces de enfrentarse al frío en shorts y en zapatos planos!!! (de verdad no sé si es que tienen la piel más gruesa o qué!?)

Ahora me marcho, mi té está listo y mis lecturas sobre medio oriente esperan. Hasta el próximo post!






domingo, 19 de octubre de 2014

Poppies

In Flanders fields the poppies blow...

Es el comienzo de un famoso poema de la Primera Guerra Mundial. Los Británicos honran a sus caídos luciendo una amapola de papel/plástico desde finales de Octubre hasta Noviembre.

Hoy vi el monumento que hay en Colchester en honor a los caídos en la contienda del 14-18. Había una corona, una corona de amapolas y un papel en ella que indicaba una fecha, 15 de Octubre de 1914, así como cuatro nombres y edades.
16, 17, 20 y 21. Cuatro chicos, no sé si llamarle hombres, perdieron la vida en los no tan lejanos campos de Europa. Dos de ellos, ni quiera tenían que haber luchado. Pienso en Juan Enrique, que tiene la edad de uno de ellos. Pienso en lo irónico que les supere a todos en edad y a diferencia de ellos, yo estoy aquí, en este mundo. Un mundo tan extraño, complejo, maravilloso y horripilante. Un mundo que adoro y odio. Estoy en la patria que les vio nacer pero no morir. 

Este mes está lleno de recordatorios. En una tienda cercana pude ver un letrero de "adopt a poppy". Costaba 4 libras y cuando te acercabas podías ver que detrás de ese poster estaban los nombres de todos los caídos en Afganistán. Era doloroso, casi insoportable ver tantos nombres. Tantas vidas truncadas, tantos futuros que no se concretaran jamás.

En cierta forma el ejército juega un papel importante en la sociedad británica. Han estado en guerra durante más de una década. Vemos como poco a poco cadenas como la BBC emiten series que reflejan el tiempo de las tropas en Afganistán. Tal vez Iraq es aún doloroso de recordar. 

En las tiendas los descuentos se centran en los estudiantes y en los miembros del ejército. Y no es extraño ver a hombres y mujeres con uniforme. Es más, creo que tengo una base cerca.

Me imagino que esperaban algo más alegre para este post. Pero, tenía la necesidad de escribir esto. En cierta forma me siento una privilegiada por poder ver tantas cosas y experimentar la cultura desde dentro. Y esto es parte de lo que veo y vivo. Tal vez llegue a usar una amapola en mi chaqueta a finales de este mes. 

En Afganistán hay un memorial que dice que cuando vuelvan a casa, recuerden a aquéllos que dieron su hoy, para que los demás tuvieron un mañana. Hasta qué punto los conflictos en Medio Oriente definirán e influirán a esta sociedad está por verse, pero lo que es seguro es que leer esos planillones llenos de nombres te hace pensar en las vidas que deberían estar a nuestro alrededor y sin embargo no están.


We shall not sleep, though poppies grow

         In Flanders fields.


sábado, 18 de octubre de 2014

Hola mundo!

He renombrado el blog y he eliminado los posts anteriores.
He vuelto a este, el mundo de los blogs, con la única intención de mantener informados a los que así lo desean sobre mi vida en Inglaterra.

Espero que disfruten leer sobre mis aventuras por estos lares y aunque adelanto que no todo será color de rosa, al fin y al cabo así es la vida, sí que garantizo historias peculiares.

Un beso a todos y hasta el siguiente post!