jueves, 19 de noviembre de 2015

París era una fiesta

Viernes 13, ¿cuántas veces hemos hecho alusión a esa fecha? Desde que tengo memoria es una fecha de película de terror, una fecha escabrosa, de miedo.

París 13 de Noviembre, viernes. El horror se desató y volvió realidad esas pesadillas de la infancia. 
Momentos de pánico, mensajes a amigos, llanto, impotencia y miedo. Alivio cuando alguien respondía a tus mensajes y las palabras eran, estoy bien, a salvo. 

Mi shock por lo ocurrido el pasado viernes no es por una sensación de que las muertes con pasaporte europeo sean más importantes que los que son de otros continentes. Pero la manifestación de los lazos que tengo con Francia. Salvador de Madariaga dijo que los europeos tenemos dos patrias: la propia y Francia. Mi yo interior no sólo reconocía esa frase, la aceptaba.

Creo que Europa va a cambiar, los atentados del viernes han sido un atentado contra la forma de percibir la vida, contra una generación que ha crecido dentro de la Unión Europea, que viaja fuera de las fronteras de su patria con frecuencia, que vivió programas como Erasmus y que más que de un sólo país, nos sentimos de un continente, una generación que acepta el trabajo duro, pero que también pone el ocio en un papel importante en sus vidas. La París que yo conozco era un París hermosa, cultural y divertida.

La París que conozco es de intensos debates por los días y clubs de aspecto decadente donde tomar una copa y bailar hasta el amanecer. Una París de chicos con modales exquisitos y que hacían honor a esa idea que tenemos de los miembros del género masculino francés. La París que conozco era de extraños en el metro acercándose a preguntar de dónde era cuando me escuchaban hablando en castellano, esa de personas que hacían el esfuerzo para darme indicaciones en inglés sobre cómo llegar a cierto lugar, de taxistas conduciendo a lo loco, de cafés y coca colas que cuestan un riñón, de cafés con sillas puestas en las terrazas de tal manera que ves más a los que pasan por las calles que a tu compañero de terraza. La París que conozco desbordaba libertad y orgullo, tan distinta a Londres, Madrid o Ámsterdam. La París que conozco fue agredida ese viernes tan fatídico, pero no es una herida mortal, tardará en sanar, pero lo hará. Algo que también aprendí en mi estancia en París y de mis amigos franceses, es que les pueden hacer daño, pero nunca les harán agachar la cabeza.

En "París era una fiesta" de Hemingway, se aducía que París acompaña a aquéllos que la hayan visitado.  No puedo estar más de acuerdo, todos nos llevamos un pedacito de París y ese pedacito ha sido atacado, pero París resistirá y poco a poco volverá la alegría y París seguirá siendo una fiesta. Después de todo, Nous sommes Paris. Y no van a poder contra todos nosotros. 

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